miércoles, 26 de abril de 2017

Brian Alvarez







Ajusticiado de palabra en su local de ropa, el propietario
a un lado del salón y de la corrección
política sin que le importen
consecuencias de destrato,
que no conoció por otra parte brinda por
no haber llegado tarde a la acumulación originaria.
Las chicas que reclaman otros talles
hacen fila para mirarlo mal.
Lleve ese azul. No espere.
No va a venir la blusa en beige.
El propietario
dice y en el mostrador frota la
caja como a cajón de velado:
con la gratitud y con la suficiencia
de quien prevalece.

**



Palabras como brazos de agua
como animales de agua
salvajes animales de agua, brazos 
de agua animales, bocas
abiertas como brazos abiertos 
listas para el abrazo contra el hambre
como animales de agua hambrientos,
las bocas, brazos
como tiburones
palabras
hambrientas como tiburones o brazos
dentados
o salvajes

pero qué sangre podría ofrecerle a algo así.

**



La hija del vecino es más viva que yo.
Antes del mediodía, ayer, me preguntó
qué era una mala decisión política y temblé.

Pasó la tarde. 

Por la puerta irrumpió
el ruido de la radio que adquirí
para mostrar los domingos
y levantando la voz le inventé: un cartel
de zona de vientos
contra un fondo de casas
prefabricadas
golpeadas por las primeras gotas de la lluvia.

**



Hay autos sobre la avenida, entre los árboles
y yo, que espero el ascensor de la estación del subte.

Hay autos.
No hay autos.
Hay. No tengo tiempo
para apreciaciones de genio,
pero sé que lo que miro es importante.

¿Será posible superar
la grandeza y el aburrimiento de las cosas que viven
sin más orgullo que el de prolongar la vida
como quien conserva una herramienta ancestral
cuyo uso desconoce?

No tengo tiempo para estas preguntas:
me basta la esencia
visible
de la superficie
que las invoca:
árboles,
autos,
árboles;
la acción de bajar;
los efectos de irse.





**



De duelo con mi papá hicimos
una sopa aguada
con arroz, apenas.
Nos quedamos cortos.
Para la próxima una taza más, me dijo.
Traté de salvar el sabor con queso.
Para la próxima el de rallar
me dijo
algo
dije también.
Como siempre
con nosotros
la televisión encendida.
No puedo ver la champions sin cantar
el himno en la memoria
pensé.
Afuera había llovido y los perros
despertaban de la siesta.

**



Los clientes espían
por el vidrio del congelador
los paquetes de animales descuartizados.
Sonríen como en las publicidades
tal vez movidos por el júbilo
de haber permanecido en pie.

Es el sentido de comunidad

Obtienen un poder de ahí
pero en el fondo sé que envidian
como otras veces yo
la lentitud de esa putrefacción que avanza.




Brian Alvarez nació en 1991. Creció en Gregorio de Laferrère, en el partido de La Matanza (provincia de Buenos Aires). Ahora vive en Once. Trabaja como repositor en una cadena de supermercados. Puede hacerse pasar por músico, pero es estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UBA. Eso también le sale mal.

miércoles, 19 de abril de 2017

Griselda García



de Ahora (Ediciones Del Dock, 2016)

El dique


En las últimas vacaciones Papá
construyó un dique en el río.
Le llevó toda la mañana.
Cuando terminó, el sol
había bronceado su espalda.
El agua nos llegaba a los tobillos
nos metíamos en zapatillas
para que los pies no dolieran.

En ese mismo río esparcimos
sus cenizas pocos años después.

Mamá llevó flores y una botella de vino.
No había nadie ese día
solo un hombre acostado en la arena
que al ver la botella gritó de satisfacción.

A Papá le hubiera gustado, pensé
y entrando al agua rompí el dique.





Creer para ver


I

El primer día el cielo se oscureció
empezó a llover un agua tibia.
No enciendas la luz, dijiste
para qué si ya vimos todo.

Había amigos en la casa, los tomé de un trago.
Madres creadoras:
nunca imaginé tal ostentación de carne.

No fue difícil trepar a tu espalda
Lo difícil fue estar a la altura, no retroceder.

Siempre creer, decías, pero perdiste la fe.


II

Cuerpo mío
aprendiste del mar a caer y levantarte
fuiste llenado y vaciado por y para ellos
para hacerlos más hombres cada vez
con la insistencia del mar te ofreciste
te fustigaron en tus avatares
en cada fase de la luna y sus ciclos
cuerpo mío, te hicieron hablar
tus secretos parieron locos nuevos
no es sin riesgos la escucha.

Ante un cuerpo de hombre sólo siento gratitud.





El negro del mar


Una madrugada fui a la playa
me saqué la ropa y me metí al agua
empecé a nadar y nadar.
Me debo haber adormecido
no sé cuánto tiempo pasó.
Cuando reaccioné estaba muy lejos de la orilla
me había envuelto una corriente
sentía oleadas de agua más fría, más caliente.

Nunca le conté a nadie esto, no me creerían.

Comencé a percibir manchas negras
más negras que el negro del mar
se movían lento, venían hacia mí.
Era un grupo de ballenas jorobadas
en viaje migratorio hacia el sur.
Sentí terror y supe que iba a morir.
Imaginé que una abría la boca y me succionaba
en una muerte lenta como en los cuentos infantiles.

A su paso el mar se inflaba y me elevaba
al bajar, se hacía un hueco en mi estómago.
Paralizado, sin poder decidir, empecé a llorar.
La ballena es mi mamífero preferido.
De chico soñaba que me agarraba de su cola
y paseábamos y conocíamos mundos nuevos.
Pero entre bufidos y cantos extraños
pasaron a mi lado como si yo no estuviera ahí.
Se fueron alejando y el agua quedó en calma.
Cuando pienso que estuve entre ellas
siento que nunca viví algo más terrorífico.

Así son los sueños, llegan en forma inesperada.

Nunca le conté a nadie esto, no lo creerían
pero vos sí, ¿no?





La cura


En amor solo pienso si no estoy trabajando, dice.
Bajo el mosquitero de una cama en Tánger
sigo con la vista la ruta de las arañas.
Damos un paseo por los médanos.
El camello suaviza sus pasos.
Oímos tambores a lo lejos.

A veces las mujeres tienen que ser nuestras madres
dice, y nosotros sus padres.

Trato de olvidar a los tripulantes muertos
los crímenes del mar se juzgan en el mar.

Su madre eligió a la esposa. La esposa no sabe leer.
Es mejor así. Sin problemas, sin discusiones.

No me gusta estar en la casa, dice.
No me gusta hablar. Solo comer y dormir.
Quiero fumar con mis amigos y tirarme al sol.
No pensar que los días pasan muy rápido
y que la muerte se acerca. Quiero fumar y no pensar.

Bebemos té de menta y me convida kif.
Afuera las cabras bailan entre olivares.
El viento cambia la arena de lugar.

Mientras el agua borbotea en el narguile
pienso en mis compañeros en el mar.
Nunca oí el rumor del mar.
Quiero dormir y que el sueño me cure, dice.

Pero yo sé que no hay cura posible.
Bajo el mosquitero iluminado por la luna
me adormece el sueño, me dejo llevar.





Chúcaro


Al potro chúcaro lo acollaran al viejo
siempre hay un caballo templado
al que nada ni nadie asusta
se les pone un palo sobre la cruz
y se les anuda el cogote con tientos
al principio patea muerde llora vomita
pero después tiene que seguirle el paso al otro:
beberá cuando el otro tenga sed
comerá cuando agache la cabeza.
Pero de a poco se va aquietando
el manso aploma al rebelde.

La mitad de la carne que se vende
bajo el paralelo 42 es de caballo
dulce y negra va a parar al pobrerío.

El indio domaba de pico
con susurro y traguito de caña
caricia en cuello paleta verija
a los acollarados les cuesta
ponerse hocico con hocico
llevarse los vasos hacia el lomo.
Así fueron todas mis relaciones:
dos ariscos, dos chúcaros
no hubo quien aplome ni quien se dejara amansar.

La lección es clara y al final
esta carne dulce y negra irá a parar al pobrerío.



Griselda García (Buenos Aires, 1979) es escritora y editora. Publicó los siguientes libros: Alucinaciones en la alfalfa (2000), El arte de caer (2001), La ruta de las arañas (2005), El ojo del que mira (2009), Hallucinations in the Alfalfa and other poems (traductor: Hugh Hazelton, Wolsak y Wynn, Canadá, 2010) La madre del universo, (relatos, 2012), Mi pequeño acto privado (Barnacle, 2015) y Ahora (Ediciones Del Dock, 2016). Se desempeñó como editora en La carta de Oliver y Ediciones Del Dock. Se dedica al dictado de talleres de escritura creativa y al seguimiento de obras literarias en progreso. 


miércoles, 5 de abril de 2017

Christian Kent

Foto: Isabella Kent





Cuando desperté el dinosaurio seguía allí

A través de la literatura nos hemos dedicado a contrabandear algún que otro objeto de los sueños, de la muerte o del futuro: el dinosaurio de Monterroso, la flor azul de Wells, la rosa de Coleridge, la mariposa de Chuang Tzu y otros ejemplos que por amor a la brevedad dejaremos de citar. El caso de María Casares es el opuesto: desde pequeña se acostaba a dormir con martillos, focos, patas de rana, sombrillas, abanicos y otras herramientas que al entrar en los sueños o pesadillas le eran de suma utilidad. Los seres que a lo largo de su vida había conocido mientras dormía consideraban que estos objetos eran maravillosos: o, en todo caso, pruebas de que la vigilia es, en efecto, tan real como aquello que uno sueña (aunque no lo parezca). No sabemos si el dinosaurio de Monterroso o la rosa de Coleridge, al traspasar el umbral del sueño, cobraron una forma más prosaica, semejante a las cosas “reales”, o si, al contrario, conservaron su aspecto imposible. Pero sí que los objetos que María Casares traficaba al espacio del sueño no contraían ninguna cualidad extraordinaria; no se convertía el foco en un condensador de estrellas, ni el martillo en un pez, ni los paraguas convocaban lluvias en su interior. Y era esto, justamente, lo extraordinario, lo que asombraba a los centauros, a las hadas, a los diablos y a las compañeras de colegio que pasaban volando sobre las casas del barrio: que el foco fuese solamente un foco, que cayera tan deliberadamente al suelo y pudiese romperse con un sonido seco y definitivo.





Cómo hacer una flor

Tía Gabriela volvió de París el 5 de febrero de 1928. Traía dos maletas que suponíamos repletas de regalos. Las colocó sobre la cama y las abrió descubriendo sólo libros, ropas y objetos de tocador. Golpeé al primo Octavio con el codo para que pregunte: ¿mi regalo tía? Mamá, roja de vergüenza, pronunció el nombre Octavio con otro acento. No se preocupe Rosarito, dijo la tía a mamá y metió las manos al fondo de las ropas, casi olvido, el regalo de los pequeños. Vengan cabritos, miren lo que trajo tía de su viaje. Nos acercamos, el corazón ansioso, y sus manos vacías se abrieron como una flor. 






En qué se parece un ruiseñor a un elefante

El circo nunca pasó por el pueblo de Rosenfeld, por lo que, hay que decirlo, la mayoría de nosotros no ha visto jamás un elefante. Mamá, cuando era niña, fue a la capital con abuelo, y entonces vio a una vieja elefante en el zoológico. Uno siempre se hace una imagen de las cosas antes de verlas; es por eso que la realidad siempre nos parece un engaño. Cuando mamá vio detrás de las rejas a la elefanta vieja y castaña, caminando en círculos en un triste estanque de cemento, pensó que tal vez fuese otro animal, con rasgos idénticos, pero no un elefante. Hay algo en ella que siempre lamenta haberla visto; es como si nos mirase con cierto recelo, porque nosotros, papá, yo, mis hermanos, conservamos intacta la figura ideal del elefante: con algunas variaciones probablemente, pero de cualquier manera sin las desilusiones que implica enfrentarse a un ejemplar concreto. Pero tampoco podría decirse que los demás intuimos la imagen del elefante a partir de nada; si sabíamos que tenía una trompa, un par de orejas enormes, un pequeño rabo incongruente y un par de colmillos blancos y largos es porque alguna experiencia anterior nos había aproximado a tal representación. 

Creo haber soñado, en la niebla de mis primeros años de vida, con un afiche de circo que el primo Jefferson trajo a casa doblado en el bolsillo de su jardinera; al desplegarlo, se dejaba ver la imagen del mastodonte equilibrándose en una absurda pelota de colores. En el mismo bolsillo de Jefferson llegó a casa todo lo maravilloso; entre otras cosas, una edición en español de España de los poemas de Keats, donde, también por primera vez, escuché la palabra ruiseñor. El primo Jefferson recitaba la oda con un aire solemne, encumbrando el libro en una mano e impostando una voz luctuosa.

¿Fue una visión, o soñaba despierto?

La música se fue volando: ¿Estoy despierto o dormido?

Yo no creía que el ruiseñor fuese un pájaro. Temía preguntárselo al primo Jefferson y que quedara descubierta mi ignorancia; en silencio, había aceptado que el ruiseñor no fuese sino esa palabra vibrante, convulsa, que aparecía ante mí para acabar de una vez y para siempre con el niño y el provinciano que fui hasta entonces. Si bien tuve la tentación de preguntarle también a mi padre -sobre todo en las tardes, cuando nos sentábamos frente a la casa a ver cómo los pájaros volaban en círculos y eran tragados por la oscuridad de los árboles- qué es un ruiseñor, nunca lo hice; guardé aquella palabra en mi memoria como un estigma, como un síntoma de superioridad. Debo decir que, como ésta, había otras palabras que había escuchado en boca de los grandes y que no podía relacionar con ninguna realidad conocida, pero las había aceptado, por lo que eran; al punto que aprendí a ver en ellas una sustancia, tan concreta, tan pesada como un elefante.





Christian Kent (Asunción, 1983) El origen de toda imaginación proviene de las historias de su abuelo, excombatiente de la guerra del Chaco, en una ciudad que casi nada tiene de real: Concepción (Paraguay). Otro poco, de la literatura disponible en su casa; donde, con excepción de su madre, no había lectores serios: “Cien años de soledad”, libros de espiritualidad y autoayuda (Osho, Trevisán, etc.), y un par de ediciones indecentes de “libros infantiles” como “El libro de la selva”, “La isla del tesoro” y “Alicia en el país de las maravillas”. En el colegio (un colegio de misioneros anglicanos), leía las crónicas de Narnia. Publicó algunos libros de poesía y ahora se inclina hacia el relato fantástico y el cuento breve. Si los vientos le favorecen, este año publica su primer material como cantautor: “Perros en el cielo”.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Romina Cazón




El mouse no engaña



I - a)
Abre el facebook.
De allí sacarás las fotos que tiene tu amigo de tu ex pareja:
María Hernández etiquetó a Carlos Ruíz
Clic  
Álbum    a    b    i    e    r    t    o.
Botón derecho del mouse.
No recuerdes cuando hacían el amor
tampoco cuando iban al mercado por nieve de pistache.
[Guardar imagen como]
increíble.jpg




b) 
Imagen siguiente:
No suspires. 
Es verdad que está mejor que tu actual pareja
pero sólo te quedará hacer
Botón derecho del mouse.
Caso contrario nada será tuyo
[Guardar imagen como]
hermosa.jpg



c)
Siguiente:
Después de diez minutos te arrepentirás
de estar en tu casa con la escalera nueva
y tu mujer. 
Si se te complica hacer botón derecho del mouse
toma el vaso de agua que está en la mesa.
Será necesario que guardes  porque puede que Carlos Ruiz
elimine la etiqueta.
[Guardar imagen como]
miamor.jpg





II


V      i      s      t      a          p     r    e    v    i   a.
V      i      s      t      a          p     r    e    v    i   a.
V      i      s      t      a          p     r    e    v    i   a.
V      i      s      t      a          p     r    e    v    i   a.
V      i      s      t      a          p     r    e    v    i   a.
V      i      s      t      a          p     r    e    v    i   a.

Toda ella habita en tu córnea.
El mouse no engaña.




III

Mastúrbate.
Siempre es bueno andar sin ataduras.
Mastúrbate.
Siempre es bueno soltar el llanto por otro lado.
Mastúrbate.
Siempre es bueno olvidar con otra parte del cuerpo
Mastúrbate.
Siempre es bueno 
Mastúrbate.
Siempre.




IV

La imagen se recrea a partir de la imagen.
Puede que no sea la misma desde su partida
pero está en tus ojos 
y es otra realidad.

















V  

Imposible parar
si se puede ir hacia adelante
con la retina y el sexo
dislocados 
como queriéndose salir de la silla
como queriendo no volver.





VI

Ella desde la recámara
balbucea tu nombre y se toca el seno izquierdo.
Se muerde la lengua
pero es convincente:
quiere salir del monitor.
Si quiere tu boca
dásela. 
En este paraíso nadie podrá expulsarte.





VII

tierra net / mosaico net /cemento net / arena net / agua net/cuerpo net / materia net código net / apellido net/ nombre net/óvulo net / hijo net /nieto net






VIII


La historia se cierra con un proceso
Guardar imagen como…

La historia se abre con un proceso
Escribiendo un nombre

La historia se hace con un acto
Aceptando

La historia siempre se repite
Abrir imagen

La historia siempre está
Vista previa
La historia puede cambiar

Reiniciar el sistema





Romina Cazón, nació en Argentina unos meses antes de que iniciara la guerra por las Islas Malvinas. Quiso ser política, por eso es poeta. Ha publicado  varios libros de poesía, experimentos visuales y sonoros. Es autora de varios libros de poesía impresos y digitales, algunos de ellos disponibles en la red. En el cuerpo ajeno, (Ediciones Morgana, Monterrey, México 2015), Todavía la sangre (Fondo editorial del Estado de Querétaro, México, Guardar imagen como de Tierra Adentro,  son sus libros más recientes Dirige la revista de poesía, El humo, Zona no verbal e Ideas de una mujer ebria:
Experimenta con sintetizadores, instrumentos digitales y realiza mezcla sonora desde  2008. Tiene un proyecto individual sonoro en curso y el proyecto de Poetas en mp3, que incluye 104 poetas de habla hispana en POETAS EN MP3.



miércoles, 15 de marzo de 2017

German Arens





l

En Facebook 
una chica que no conozco 
dice que en el mar hace frío. 
También que el mes de enero debería durar seis meses.

Carina, me cuenta que murió el hijo del rector,
que estaba por ir a velarlo y una tormenta 
fue la excusa perfecta para no salir.

Arturo, notifica la detención de una dirigente social. 
Agrega que no debe ser ninguna santa, 
pero que los ciudadanos, ante la situación actual, 
deberíamos  saber dividir los tantos 
y no permitir que un árbol nos tape el bosque.

Un amigo no puede  dormir…
Su novia no lo tiene en la cabeza.

Un poeta me ofrece su libro:
“Cada tribu tiene sus propios rituales para enfrentar el misterio…
 La nuestra, la de los poetas solitarios, no es una excepción.


 Cuando los poemas se guardan en un libro se vuelven definitivos,
nuestro  rito  es compartirlos.
No hacerlo puede provocar la furia de las musas y 
condenarnos al eterno silencio”. 





ll

Esperen a que nos lavemos las manos
y volvamos a encarnar…
Eso sí, por favor, hagan silencio
que las corvinas escuchan. 
Sino que se meta uno de ustedes en el agua.
Ahí se van a dar cuenta 
de la importancia que tienen las palabras, 
y por pocos, muy pocos segundos, 
podrán detectar los corazones 
de los peces enterrados en la arena.




lll

Habíamos dicho que si veíamos un peludo lo agarraríamos.
Era una noche extraña, extraña en todo el sentido de la palabra. 
Primero una bola naranja se deshizo en el cielo.
Minutos después, nuestras cañas se arquearon hasta lo imposible 
y cada uno de nosotros tuvo su gran bagre de mirada casi humana.
Como buscábamos pejerrey,  los devolvimos a la laguna
y cambiamos las líneas por líneas de flote.
Estábamos cada uno en lo suyo cuando mi hermano advirtió
que a nuestras espaldas decenas de vacas nos observaban.
Fue entonces que el aire cambió de frío a caliente y como una ofrenda 
de la noche apareció un peludo que nunca matamos.





lV

La casa es la última del pueblo.
Es roja como la sangre, sí, como la sangre.
Sólo Mario pudo haberle dado ese color.
Digo esto porque antes de esa casa hay muchas casas
y ninguna es roja como la sangre.
Desde las paredes a las puertas, es roja por todos lados.
Hasta los pisos son rojos en la última casa del pueblo.
Su patio linda con un monte de chañares
en el que un algarrobo es la excepción.
Desde que Mario no está en ella no vive nadie.
Por qué será nos preguntamos...
Si era Mario un hombre bueno, y todos, incluso aquellos 
que insisten en que tenía cierta tendencia a la ostentación,
creemos que no debiera ser motivo suficiente
para impedir su venta o alquiler.






V

Qué vamos a hacer con nosotros
me pregunté mientras mi dedo índice buscaba la letra Q.
Qué vamos a hacer los que van envejeciendo conmigo…
El que todas las noches mira hacia arriba
y si no hay cielo busca referencias en el techo.
Qué vamos a hacer con ese que se parece a un galpón 
donde se guardan desde un fardo a un arado de mancera,
desde un tambor de doscientos a un bidón de diez,
desde una bomba inyectora a un ropero que encierra un recado
por la sencilla razón de que a las ratas les gusta el cuero.
Qué vamos a hacer con el padre, con el lector, con el amigo...
Con el que te dijo que la calandria overa canta si hay luna llena.
Qué vamos a hacer con ellos y con tantos otros
que me acompañan como me acompañan los perros, las bardas
y hasta el eco de las palabras de los que vivieron mi tiempo.




German Arens. (Bahía Blanca, 1967). En una nave comandada por Enrique unos pocos hombres abandonamos la Tierra (Vox — Ediciones Cinosargo, 2012 y 2013), Siempre creí que los zombis eran los protagonistas de un subgénero del cine de terror clase B (Vox – 2013), Sin más compañía que una linterna (Borde Perdido Editora, 2014), Cagliero (El Ojo de mármol, 2015), Desiderio (Club Hem, 2015). ¡Oh, qué lugar más bello! (Barnacle, 2017), Mientras las vacas abrevaban cerquita (Hemisferio Derecho, próxima aparición).

martes, 7 de marzo de 2017

Gabriel Cortiñas






*
No se puede hacer harina con los cascos 
asaron al enemigo pero se lo comieron crudo
el diente de oro les estalló en la panza
molieron dientes con paciencia, los picaron
hicieron tortilla: de maíz, de arroz, 
tortilla de papa, tortilla de muela. 
El brillo del diente empuja a romper 
en la panza no digiere la luz
es un filo que abre el tímpano en cuatro.
Si la vanguardia no te cubre: el zumbido
la explosión. Todos esperan en las butacas
el comienzo del combate. 
Se cierra sobre la lona como un capullo 
(un capullo no estalla)
está prohibido llevar reloj.






*
Olguín demora
en la espera del chispazo que patea la heladera
los dioses dejaron de hablar
por un mate lavado en el fuego
pero esquiva la gente lo llaman
paga se levanta el sellado la cola 
la foto los dedos 
de cobre la impresión, respira
toda la mañana con un solo pulmón
su lengua es una huevera de colores primarios.






*
Encerraron al gallo pero siguió cantando

Un gallo no canta por gusto, hay algo
en el fondo de la lengua
que se prende como un rayo y queda titilando.





*
Dibuja ideogramas ilegibles con la espada, pedalea
una patada voladora interminable para el fin
antes te daban pastillas de carbón
las que guardan adentro de la muela después
dijeron que no servía 
lo de morder la píldora de apuro. El truco 
es mojar la lona azul 
con agua de río, quemar los riñones 
y colar el plomo que queda en las cenizas.





*
Todos los dioses están hablando
y tienen un gorrión en la espalda que les habla
él pregunta por el río, que si ducha o armonía





(Estos poemas pertenecen a Hospital de campaña (Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro, Madrid, 2011) que tendrá su primera edición argentina por la editorial ClubHem en 2017).




Gabriel Cortiñas. Buenos Aires, Argentina | 1983. Publicó Brazadas (2007), Hospital de campaña (Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro, Madrid, 2011) y Pujato (Premio Casa de las Américas, La Habana, 2013). Es graduado en Letras de la UBA y trabaja como docente en escuelas medias.


jueves, 23 de febrero de 2017

Gabriela Ruiz Agila (Madame Ho)








La frontera. Año nuevo, 1953

1953 es el año que está pariendo
me parió, casi a los 22 años.
Cada lunes, desde hace tres meses, sucede…
las piezas del olvido aparecen
cartas, fotografías, discos,
creí leer mi nombre en el perfume del mar
le había pedido que atravesara el continente
como si se tratara de cruzar una avenida
me llamo Carmen. Canto. No lloro. No puedo matar.
En un mundo paralelo me llamo Carmen.
Llegará ese día: Yo estaré. Tú serás.
Nos besaremos los ojos lejos de la rabia.
Sin miedo a la caída,
estoy en un trance agotador sin sueño,
sin el deseo de comer, sin el deseo del agua.
Pensando en esa separación de los hemisferios,
de los continentes, de los mares,
rezo para que siga haciendo calor
pero en esta frontera soy Madame Ho
transito con el corazón lleno de dudas.

“Extraño sabor metálico en el aire” pruebas atómicas en Utah y Nevada, EE.UU. Hallazgos relevantes para descubrir la estructura del ADN.






1969

Mi nombre es región en este viaje…
el tiempo perfuma las sombras entre las montañas
los nogales se reclinan a beber en el río Bravo
desde el vértigo
mi nombre es región en este viaje…
es hora de bañarse bajo la lluvia
nos tomaremos de las manos
desde las orillas

Mi nombre es región en este viaje…
vuelvo a mi vicio favorito, el calor
ungida por la tierra
como la tagete inmortal al finalizar el invierno
transparente


La explosión de las minas carboneras 2 y 3 “Guadalupe” el 31 de marzo de 1969. Coahuila se convirtió en un pueblo de viudas y madres sin hijos.






Ħiroshima y Пagasaki 
19 de agosto…

el abanico dando vueltas sobre el ambiente húmedo de lo que
un día sería algo parecido a ¥ietnam
el sudor violento invadiéndolo todo
el agotamiento

desde esta habitación
puedo escuchar al mar mecerse frente a la costa nororiental
el Pacífico se desplaza por debajo del horizonte
durante el sismo de este latido, 
sin embargo, prevalece la serenidad de la tarde y la puesta de sol, 
es un evento devastador… al menos a la distancia de un deseo

la trayectoria de la tristeza y el ritmo de la lluvia:
hemos presenciado ese estremecimiento antes
pienso en esa maldición de “quedarse y luchar” 
sobre los escombros de lo que fue esta ciudad
la gente busca sobrevivientes y encuentre solo cadáveres
las sombras de los años transcurridos, tendidas en el suelo…
un ropero, una cama de soldado, y el calor.
nadie está a salvo. ɇs una idea que me provoca llanto
por eso me iré
aunque los trenes lleven a ningún lugar

en mi ciudad natal, todos quieren irse pero,
los que se fueron, añoran regresar
es difícil sobrellevar el desarraigo del agua, del suelo, del aire,
de los rayos solares y las fechas
desde luego, miedo-lo que no se han dicho
lo que menos importa es el gobierno
el caos posterior a la segunda guerra mundial
quizá ocurra otra explosión…

tú y yo, inesperados; Ħiroshima y Пagasaki, la suma de las estaciones.
la nuestra es la réplica de ése sismo
hace calor
              —soy tuyo, Ħiroshima—
las nubes arden en llamas desde hace un mes atrás cuando empezó el verano, cuando en el
trópico de capricorniÖ se estrenaba en la noche.



Hiroshima fue bombardeada el 6 de agosto y Nagasaki, el 9 de agosto  de 1945.




Gabriela Ruiz Agila, de rasgos asiáticos, descendiente de migrantes y militante de la ternura. El desierto y el tequila hicieron raíz en su sangre. Desde entonces se sabe fronteriza y está en la constante búsqueda de esta poética. Da vida a Madame Ho. Colabora en diversos medios electrónicos, y en especial para Revista Matapalo. Premios: Segundo lugar en el concurso nacional de poesía Ismael Pérez Pazmiño organizado por Diario El Universo con Inventario-Escritura de Viajes (Ecuador, 2016); Primer lugar en Crónica del Cincuentenario organizado por la UABC con Relato de una foránea (México, 2007).
https://www.facebook.com/MadameH0/