miércoles, 5 de septiembre de 2018

Diego Rosake







I

El conejo de pascua
escuchó a Juanito
y sintió los campanzos
uno tras uno
repicar en sus neuronas
martillando la idea
hasta hacerla granito

el conejo de pascua
escuchó a Juanito el cantor
y dijo basta
no más huevos de regalo
barato
y pensando en su bicicleta
buscó las herramientas del garaje

arriba:
la luna esperando

  



 II

En un asado
el conejo de pascua
se despidió de su familia

                 estás seguro
                 dijo papá noel
                 seguro
                 respondió
                 seguro seguro
                 preguntaron los duendes
                 el conejo movió la cabeza

el almuerzo continuó
en un clima de luto
por la partida incierta de un amigo
hasta que el conejo
bien mamado
gritó al aire
viva Perón carajo
y masticando con soltura una morcilla
agregó
basta de huevo y chocolate
para mí





IV

La partida
fue de madrugada y en silencio

quería alcanzar a la luna distraída

  


VI

A unos metros del ozono
se encontró con el espectro de Kant
y se rió

sabés Emanuel
ya no se acuerdan
             de tu imperativo
y según algunos
la diferencia entre la geometría física
                                    y matemática
tiró por tierra
tu obra magna

de yapa
nos volaste la metafísica

y el mundo así
se fue al carajo



Las lágrimas de los fantasmas
son similares a las nuestras
pero no suelen mojarnos




VII

Mirando su reflejo
en la estela del cometa
                          Halley
el conejo descifró:
el conejo de pascua
                     soy yo




X

En viaje hacia el destino
el conejo de pascua
se encontró con el conejo
que arrastró a Alicia
a su país de maravilla
sabés- dijo el segundo para romper el hielo-
mi amigo Carroll me enseñó teoría de conjuntos
y aunque Lewis quisiera ocultarlo
la verdad es que soy coneja

dijo el primero: quisiera ser ahora
la intersección de tus diagramas

dijo el segundo: entonces cojamos

dijo el primero: pero más de una vez

El conejo de pascua
inundó la vía láctea de descendencia
que desde entonces
honraría su memoria




XII

¿Vos sabés lo agotador
                                         que es pensar todo el día?
preguntó la dama 
que meditaba en el satélite

el conejo hizo sonar su bocina

¿acaso no entendés
de la alienación religiosa filosófica o política?

el conejo de pascua pedaleó hacia atrás

¿o no ves que mis manos empalidecen
en grietas que las pintan de olvido?
¿tan grande es la enajenación?

no sé
respondió conejo
pero traje sanguches de mortadela y queso azul
si querés vamos a medias

y dale
dijo ella

además tengo veinte pe
andá
y comprate algo de vino


  


XIII

Ya en la superficie
la luna
no le pareció más de queso
sino de talco
o algún polvo similar
que prontamente
invadió sus pulmones

prendió un cigarrillo
y convidó
al cadáver de Zaratustra
que sacó dos cervezas
de abajo de su túnica
y poniendo cara de Humphrey Bogart
murmuró
this is the beginning
of a beautiful friendship




Diego Rosake, Bahía Blanca, 1979. Docente, editor y librero. Publicó varios libros de poesía de los cuales solo reconoce Luna en bicicleta (2015). Participó en las antologías Más vale cinco volando (Ediciones de la calle), Rizoma (Rizoma editora) y Tropa voluntaria (Vox/lux) Lleva adelante, desde hace 10 años, la editoral autogestionada HD ediciones.


lunes, 30 de julio de 2018

Emanuel Frey Chinelli








Meridiano


Hacer del paso un hacerse. Afluentes que toman fotografías en el ahora de alguienes idos al quién sabe qué del destino. O sino, según traducciones empáticas desviantes de la energía melancólica para una infancia estanterizada como quinielas de empresas hundidas. Como agónicos goles clasificatorios noticiados en el mundo entero. Como plazos de deuda externa. Como dibujos del reino vegetal y minerales expropiables. Como himnos nacionales, hacer el canto un cantarse. Ser la flauta que vibra. Hueco el cuerpo, la música. Las gracias. Las clases, los actos en los fogones con amigos que se renuevan en los años venideros. Como los soplamocos no dados en la amenaza de hacer mejores frutos. Frutas de vientre humano. Por las ganas de llorar cuando la cancha les toma lista. Mirando y gritando posiciones. Y olores de cuerpos que perduran en las cuatro paredes de hogares que no son tales. Sin conexión a internet. Sin beneficios de pertenencia. Con sutiles melodías en la frecuencia audible. En el primer rayo naranja de sol reflejado en la pared. Justo encima de ningún trofeo de natación. En el mismo pueblo natal. Suficiente. Listo para dormir pero no en el espíritu del café de la primera luna llena vista. Y no querer volver a ninguna patria. Inentendibles moscas de sandía. Inexplicables jugos de tetrabrick para universitarios abandónicos recalcitrantes. Con un poco de suerte, con la casa vacía como envases de la no fiesta que acaba de apagarse. La avenida más grande de Latinoamérica tan cerca como las casitas de colores de una infancia insoñable. Estirándole los brazos a un abrazo nonato. En el réquiem de un momento. Y palmas, ritmo que late en deseos de partos sin llantos, de vocaciones inscritas en la frente, sol en el sol, padres superables y fortunas heredables como casas de campo que giran con el sol. Como el hambre de vida que llegó al irse la escuela. Como deseos olvidados para estrellas que descienden a campos de fútbol en una oportunidad que es agua entre dedos que tocan fondo. Que tocan epitafios en los que se entiende cada letra. Y ropa que da pena. Y leyendas que alzan el vuelo en el vientre de las alas marchitas. Y todos los días siguientes, laborables.





Mientras ancianos ven alejarse la esperanza como buenos días pasados


Qué linda queda la ropa, ahí va, viaja en la calle en aromas: la libertad alienante es la única posible en este catálogo de chistes llanos. No entra una mirada asesina por el ojo de esta cerradura, mas sí un disparo puntual. Por eso dejo la llave puesta en la ranura especiada. En la llanura de los votos equivocantes la queja se hace pira y deme todo esto de medicamentos, señor, pero no le alcanza, señora, es que tengo que alimentarme, señor, por favor vayasé. Y las vallas, las piedras y las balas tan pero tan cerca del perfume y el protocolo. Pasan vestidos de sábado los días, y nada parece alternar la restricción que, como el agua del río, ahoga a quien no hace pie y es perseguido. No hay testigos pero esto ya pasó y culpables somos todos, pero preso vas a ir vos. Hoy no, dice xadre a hije y mañana tampoco, pienso yo, y el lenguaje es libre y vos no. Hace años que no voy a la playa con clientes de Papá Noel a cuestas en el origen del año que sin ellos no pasaría jamás, y sonrío al pensar en el tiempo que le gano al centavo de dólar lamiéndome la pena como un felino su lomo. Amenazan con despidos en el área pero quieren que todos encontremos nuestro lugar para ser felices (vida es goce y nada más), suben los impuestos para cuidarnos (se hace en todos los países del mundo), bajan los sueldos y suben los precios (pero esto no se reflejará en el poder adquisitivo), crece el desempleo (¿a quién le importan estos deshechos de cuerpo?), qué lindo, qué bueno. La vida está bien si no te rendís.






Como película copiada de videoclub


Puesto en marcha una vez más el lenguado, hado de sinos que sino son se arrugan en la ruina de lo sible, se dice lo que no se sabe, se sabe sólo que se ignora, se cree que es distinto lo que es, se actúa en consecuencia, se apilan las secuencias en el expediente secretamente público, se pule la mente como nácar, como película copiada de videoclub, se alquilan los conceptos, se paga una multa por el de más, se señala con el dedo de señalar. Se apuntalan los apuntes copiables, la foto circula, se cierra la persiana y se abre al otro día, se publica la historia, se imprimen verdades en pegatinas, se apartan de cargos personas, se desvinculan hermanos de sangre y también de los otros. Una vez que cunde el pánico, que el terremoto asiste al ya, una vez que se reparten los papeles, todo dicho ya está… o eso parece. Y nada es realmente lo que parece, ni siquiera lo que pare: nada es su reflejo, pero sí el antónimo de este. 





Una incomunicación preocupante por parte del que manda


En la paranoia armamentística del núcleo estallante para la justificación de las ventas del bien más deseado: la máquina de hacerle agujeros al impedimento de ser dueño de aquello que no es de nadie. La tropa avanza y caen los que dan los primeros pasos: será una bala, un sablazo, cuestión de tiempo el primer golpe de nucas sobre el campo de batalla. Crece la comida a un costado de la carencia, semilla cada diente caído en la usina de las vanalidades. Hay un sorbete para la sangre del mecanismo que se vacía, se licua y vuelve a llenarse cada mañana, kilómetros después de la esperanza, pronósticos extendidos en las pantallas. Y hay quien sorbe la que mueve cuerpos de un sutil y abstracto modo casi imperceptible para el oído del perro y para el ojo humano. Baja la venta y sube la venta y el poder ya no es adquisitivo sino un pulgar que aplasta habitantes como mosquitas de baño húmedo. Y hay quienes usan la voz para justificar a los asesinos y sonríen en la calle a la que salen sólo cuando la prensa los invita.





La miseria que lloran quienes jamás pasaron hambre


Un invierno patrio nacido en el diciembre sudamericano austral para que todas las voces se den cita en el canal estatal y en los demás voceros (privantes) del ya y para que cada pobre sea un poco menos humano. Y para que cada negocio jugoso chorree sangre joven, débil, nueva en la llanura de los chistes de mal gusto que prende fuego una vida cada menos horas que las que entran en un día mientras lloran miseria quienes jamás pasaron hambre y los conceptos álgidos que decoran diccionarios se sientan en la mesa del azar a burlarse de nuestros cadáveres. ¿Hay un Pepe Grillo marca Disney en cada corazón occidental dictando las bondades a realizar para ser derecho y humano? Hay hambre en el granero del mundo, vidas marchitándose en el jardín florido, muertos y muertas de frío en la docta, amantes acribillados a odio en el mar de plata, mientras en el resto del todo se arrastra el mismo sino rancio. Todo lo que nace rinde cuentas al ya que es Dios increado en cada rezo lleno de fe y en cada iglesia edificada sobre la roca llamada “ahora” y en cada bautismo fotografiado como si los acontecimientos pútridos de cada yo fueran cimiento de algo que dure eternamente. Y la creencia que se expande en el yeite siome de no saberse, de no entender el estar siendo mientras todo se marcha hacia negros agujeros estudiados por un alguien que, de haber nacido en estas playas, nadie atendería.





Campos de mandrágora donde corríamos


Virtuados biteables en la condena opinóloga del quién sabe qué que es el ya, apantallados los vientos y las voces que van y van (¿van?) y parecen surgir de una fuente que no es más que ausencia, un reclamo por la nada misma que se expande como una plaga que sólo acepta nutrirse de otras plagas y al reproducirse fruta pavadas. Y la página musical que suena y se comparte ojo a ojo y es burla programada para reírse de la mano que tiembla en el frío fatuo, en la quilla de este barco que avanza hacia su hundirse, en la tráquea operable de todo lo sible de oírse, en el hipotálamo que se emparrala vientre dentro de los hombres que piden pico y pala para otros y guardan en sus bolsillos vacíos de paciencia y llenos de miseria, sus manos. Purga por sexo en Chechenia, filas por comida en Argentina, muertes en la calle en Venezuela y en cualquiera de las otras patrias, siempre el deceso lo ponen los mismos, mientras cada vida su ombligo se mira y teme y ama y odia y al otro día lo de hoy se lo olvida. Ninguna boca brotó lo breve que capta, lo nimio que ilumina, el diente que la boca alimenta y enciende la zarza que no cede, la que no se aplaca. Todo lo incierto por venir ayer renovó contrato y no hubo ovaciones ni vítores para ninguno de los presentes. Hoy los campos se vacían de fruto, se inundan de desgracia, emigran los nativos, y reparten regalos en la ciudad de la injuria aquellos que de tan acostumbrados ya ni saben qué cosa es la costumbre. Curtiembres para abrigar la sinestesia que nariz mediante regurgita en estómagos comparables a bolsas rotas ese jugo rancio que sale sin pedir permiso. Todo el peso de una vida sobre otra vida sobre muchas vidas que sorben la última gota de un alimento caduco desde el día de su envasado. Y los segundos miércoles de cada mes, a mitad de precio con la tarjeta indicada.

Estos textos pretencen a Guitarra y videojuegos, aún inédito


Emanuel Frey Chinelli (Quilmes, 16/6/1988). Publicó Juan (2009), La ecuación de los mediocres (2009), La sangre (2014), Los meses (2015) y Cuadernos de la rabia (2016). Dirige junto al poeta y traductor Pablo Arraigada el sello editorial A pasitos del fin de este mundo.


jueves, 10 de mayo de 2018

Tomás Morales





PAKU-PAKU

Nolan Bushnell, fundador de Atari
era dueño de una pizzería
que después se transformaría
en Chuck E Cheese’s

Toru Iwatani, empleado de Namco
vio la forma de una mandíbula abierta
al cortar el primer pedazo de una pizza

estos no son más que datos antojadizos
no conozco las leyes de la informática
y apenas comprendo la diferencia
entre una onza y un gramo de levadura




CASTLEVANIA

de noche miraba el vuelo de los murciélagos que tapaban
con sus alas extendidas 
todo evento por acontecer en las afueras
imaginaba que era Drácula quien escapaba con sus secuaces
de su propio hijo
su reverso literal 
(el mismo sustantivo a la inversa)
así bauticé al único ejemplar que se colgaba de las vigas para dormir
cuando los demás surcaban la oscuridad con menor discreción

creí que revelaría su forma humana
y era en realidad Christopher Lee o Bela Lugosi
observándose a sí mismo aullando de dolor en la pantalla
con el cuerpo invertido y envuelto en una manta membranosa




BONUS STAGE

You've got to drown everything out
And see what you want to see
Thundercat
un proyecto de expansión 
del plan urbano
a través de otros medios
más aptos para el ecosistema
una comuna entera renderizada
con sus plazas y barrios
adaptadas a las nuevas exigencias
de los vecinos: el cristal
como sustituto del zinc
en las mediaguas
y de súbito difundimos
un viernes en horario punta
las siguientes instrucciones holográficas
flotando en los rieles del metro:
obtén la mayor cantidad de vidas
en menos de 30 segundos!
borramos así del mapa
baldíos con cadáveres
cercenados por una motosierra
o fetos en descomposición
nos ahorramos el dinero
destinado a mantener
los vertederos municipales
creamos lo que los vecinos
quieren ver realmente




ANÁLOGO

el patrimonio
de la humanidad:
cartuchos 
con el adhesivo 
desteñido
y el nombre del dueño
escrito con plumón
permanente
discos 
en mal estado
y con la caja rota

insertas cualquiera de los dos
en el dispositivo
correspondiente
te dices en voz baja
quizás son puras apariencias
y las cicatrices
causadas por el comprador original
hace 15 años
se sanaron por completo
pero olvidas
que los cuerpos
de tus juguetes
eran del mismo material
y desde la morgue 
regalaste brazos
piernas y cabezas
a tus mejores amigos
como medallitas
de San Judas Tadeo

resumes la corrupción
de los datos
en un par de ideas
predecibles:
la distorsión
de los parlantes
el sonido de una caracola
traducida a los 8-bits
y la imagen
un tsunami
que se desborda
por las orillas
de la pantalla

algo se puede rescatar
si se golpea
en el lugar preciso
la pantalla
o al desenchufar
los cables AV
teniendo cuidado
de no tocar
las partes mordisqueadas

por un milisegundo
captas el momento
en que todo corre bien
pero eso requiere 
mantener una mano
en el cableado
y con la otra
tomar el control

te quedas ahí
entumecido en un plano
y moviéndote con gracia
en el otro




JOURNEY

el viento estila arena sobre las dunas
como azúcar 
disuelta en agua caliente

una piedrecilla que se mueve
y derrumba el montículo entero

me deslizo en desiertos y mares
sin tablas de surf 
ni ropas adecuadas
una túnica cubre el contorno de mi sombra
(medida de precaución
contra derrumbes y tormentas
explorar con la menor carga posible
sin estudio previo del terreno)

un murmullo que proviene 
del oeste
otro manto incorpóreo (sombra
oculta) que tapa el sol

sigo el hilo que se desprende de su bufanda
días y noches pasan
hasta pisar una pirámide en ruinas
nuestros ropajes brillan con el cénit

llegamos al tope
deseo conocer a mi acompañante
pero al extender mi mano 
una llamarada del cielo
evapora su manto y el mío

volvemos a ser contornos de lo que fuimos
pero sin nuestro pasado real

nuestros nombres ahora
son geoglifos









Tomás Morales (Santiago, 1995). Estudiante de Letras Hispánicas en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Fue becario de la Fundación Pablo Neruda (2016). Ese mismo año se adjudica la beca de creación literaria del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Actualmente trabaja en su primer libro.


martes, 10 de abril de 2018

Eric Schierloh








Las gaviotas lo saben


la rompiente
donde el agua
se enturbia
y bosqueja los planes
de la topografía futura
de la costa

las gaviotas lo saben
mejor que nadie
y un día
mientras se alimentan
o simplemente mientras miran más allá
con esos ojos de parcas
como sólo ellas saben hacerlo
levantan vuelo al unísono
todas juntas
todas
convencidas    todas   de que una vez
que vuelvan
el lugar
        todo el lugar
habrá cambiado          para siempre

la rompiente
es silenciosa en su efectividad
por debajo del estruendo
de las tumultuosas olas
espectaculares





En el amarillo del pecho del benteveo


Abro los ojos  algo aparece después
y los últimos rayos      entonces
del sol del atardecer               ahora
restallan en el amarillo
del pecho
del benteveo
adormilado, aletargado—como si el mundo
efectivamente             se hubiera estirado.
El pico negro
como la punta
de la última rama
de una rama
del fresno.
Ráfaga de excremento
desde lo alto.

lapso en la tarde [y parte
del origen de otra tentativa
sobre pájaros y árboles; ; ; ; ; ; queda anotado
—porque poesía también es un diario
—porque pájaros y árboles son inseparables
—porque poesía es sobre todo
un diario de esto: lo
que del mundo




El tero


El tero
que vuela rasante
sobre el espejo de agua de la laguna
no debe saberlo
pero hay
otro tero
volando del revés
justo debajo                suyo.




El pato solitario se zambulle


¿Y si el mundo
terminara
mientras el pato solitario
se zambulle en el agua
oscura de la laguna
para ir detrás               de un último bocado
en la tarde?

Mientras tanto
los juncos beben
arqueados con las espigas
de sus flores
metidas en el agua.




Tres viejas palomas


Tres viejas palomas
se detienen a conversar
en lo alto
de la chimenea
de una casa;
el campo de altos pastos
y dientes de león
desperdigados
se agita ante ellas.

Son tres mentes severas y poderosas
en tres cuerpos capaces de prodigios
y hazañas.

No lejos
el bosque
canta
—la traducción
es un intento        otro
de hacer hablar
lo que estaba mudo a medias.




Doce diminutas golondrinas


Doce diminutas
golondrinas
en los altos cables
del tendido eléctrico
—misma altura
de la que cayó
el viejo de enfrente
hace un mes
y se mató.

El vértigo
de la caída
interminable
de una vida—llegan
otras tres
golondrinas.





Eric Schierloh (La Plata, 1981) es autor de los libros de poemas Costamarina (Barba de Abejas, 2012), Los cueros (La Bola editora, 2014), Frío en las regiones equinocciales (Barba de Abejas, 2014), El mamut (Bajo la luna, 2015), Troglodytes (El Sueño del Panda, 2017),  Variaciones sobre cerrar los ojos (Editorial Municipal de Rosario, 2017) y Por el camino de tierra (La Bola editora, 2017), y de las novelas Formas de humo (Beatriz Viterbo, 2006), Kilgore (Bajo la luna, 2010), Donde termina el desierto (Bajo la luna, 2012), El maguey (Club Hem, 2016) y La mera tierra (Bajo la luna, 2017). Es traductor y editor de Barba de Abejas (http://barba-de-abejas.tumblr.com/). Los poemas seleccionados pertenecen a Cuaderno de ornitología (Caleta Olivia, 2018).



lunes, 19 de marzo de 2018

Alicia Silva Rey





Haré buenos cestos
/Versión 1

Haré buenos cestos,
camisas frescas,
me lavaré los ojos
con té
de esa planta
con hojas de forma geométrica
de animal


el pez es complemento del manglar,
crean contorno,
el coco se lleva bien
con la costa,
la lluvia con las colinas


el conjunto otorga
poder y gracia
al espacio y sus límites


dicen que nuestras molas(*)
provienen de la Crónica de Indias
pero es la geometría del aire
el motivo del adornamiento
pictórico


las tetas sostenidas
por barras de oro
no han sido importadas de Francia
y el algodón que criamos
es la base de nuestras escrituras


un mismo trazo
o corte
une lo separado


almas de las mujeres menstruales
por gala y libertad
tiñen la carne corporal
y los pies
con el arte
que los hace invisibles
a la picadura
de la serpiente

soy superposición de piezas
de distintos colores,
somos la tela que aglutina
cortes y formas.
Mixtura,
ríos de oro


suaves rostros,
flor elegante o mariposa,
langosta o escorpión
luna de oro
el vértice nasal.


(*) molas: telas artesanales fabricadas por los indios Cuna, de Panamá.





Haré buenos cestos, camisas frescas
/Versión 2

Haré buenos cestos, camisas frescas,
me lavaré los ojos con té
de esa planta con hojas de forma geométrica de animal,
el pez es complemento del manglar, crean contorno,
el coco se lleva bien con la costa, la lluvia con las colinas,
el conjunto otorga poder y gracia al espacio y sus límites
dicen que nuestras molas (*) provienen de la Crónica de Indias
pero es la geometría del aire el motivo del adornamiento
pictórico, 
tetas altas y tiesas sostenidas por barras de oro
no han sido importadas de Francia
y el algodón que criamos es la base de nuestras escrituras.
Un mismo trazo o corte une lo separado,
almas de las mujeres menstruales por gala y libertad
tiñen la carne corporal y los pies con el arte
que los hace invisibles a la picadura de la serpiente.
Soy superposición de piezas de distintos colores,
somos la tela que aglutina cortes y formas, mixtura,
argollas de oro, suaves rostros, flor elegante o mariposa
langosta o escorpión, línea inaferrable: el vértice nasal.

(*) molas: telas artesanales fabricadas por los indios Cuna, de Panamá.




Es una bicha veloz, su inteligencia

Es una bicha veloz, su inteligencia
es de laucha, su habilidad
no supera la mía pero es cínica a muerte.
La tengo en el lavadero, encerrada.
Sube y baja por los armarios
donde guardo semillas. La sorprendo
en las noches con mi linterna de luz
y de día, con mi linterna de sombra.
Aturdida por la persecución humana
se detiene ante mí; implora con los ojos
el final, una espiga de veneno.
Cercada por mi hambre, la suya
se devora a sí misma. Que la deje
salir pide, al pastizal. Le doy agua
con una cucharita de plata. No comerás,
le digo. Sus dientes desesperadamente,
crecen. Nada para roer. Te entreno, digo
ante el animal desvanecido
en su hocico pesado.




De rodillas, en la carretera vacía, tosiendo.

De rodillas, en la carretera vacía, tosiendo.
Tose como a los ocho años en José León Suárez, La Quema.
Alas en los pies. Mirá, una valija, está buena, bajala.
Tose a sabiendas de que lleva el chico pegado a él.
Largando los pulmones.
Nadie puede ponerse en el lugar de quien pierde el aliento.

Tierra baldía, cieno, frío sin contemplaciones.
Le dije que si hablaba así, me lastimaría los oídos,
bostezaría hasta aplacar el impacto rústico de su voz.
Sin rescoldo – le dije-, en la negrura de lo no dicho
va a cocerse el pan de la discordia, no hablés.

Se irguió, buscó en el reseco morral
el último tabaco sin dejar de toser,
declinando como en una plegaria
el trepidar del viento en las orejas,
su zona delicada.

"Cómo separarse los cuerpos
a causa de la imposibilidad de compartir
el umbral de un lenguaje".
Fumó, el humo lo ayudaba a respirar sin toser,
el chico pegado a él, olor de marismas invisibles.
"De haber sabido pronunciar…
Una lengua como hecha de fierro,
no digo que ella no me gustara:
me era insuficiente".
Tanteó el piso de litio,
fumó muy lentamente,
inspirando ese bálsamo
del tabaco en los bronquios,
su palabra, la de ella, hubiera sido
el amarradero para el chico pegado a mí
pero su palabra triscaba como arpillera granulada en los labios,
me alejaba de la mujer a la que denominaban Rosario.
No se desea sino lo que se presiente como un sueño
a punto de perderse en la lengua.
Solo se aman unos pocos sonidos perfectos en su encadenamiento insular.

Ella –no era su culpa-, fue desmontando sin querer
los suaves eslabones, las perlas, esas cuentas donde amar y desear”.

Imaginó el carrito palmo a palmo,
a ver si recobraba el aliento,
se fue adentrando como entonces
en la grava del basural.
Vio al chico despegarse,
dibujar algo con el dedo en la grava.

La lluvia blanda remolcaba en su agua lechosa
otra superficie translúcida, un tejado sería.
Los dibujos del chico en el suelo sonaron
como cuando se pisa en el musgo empapado,
¿creés que tendré frío?,
algo se posaba en los labios, lo hundía.




Primero habló.

Primero habló.
La voz de la materia inconsútil,
tú sabés: sin costuras. Un continuo
acerca de lo que no sabemos pero hablamos
porque él primero habló. Su voz era la voz
anhelada desde los úteros y ovas en los que se gesta la vida
que algunos llaman ser y otros, recurso.
¿La ignorancia de la propia fragilidad te volvió incólume?
Pronunciar era como soñar o fundar.
¿Tomaste ácido lisérgico o era la pura adrenalina de la nada
explorándose por tu vía? Fue un domingo como hoy,
Vos pronunciabas, cómo extraño esa voz. Estás ahí,
partiéndote de risa, más flaco, desnudo, subido como el estilita
al hervor de lo dicho. Ahora parecería que te escucho.
Toser. La espuma de tu saliva tampoco la sabemos.
Hay cosas que se guardan para después
como quien esconde una golosina en el catre.










Alicia Silva Rey nació en Quilmes, provincia de Buenos Aires, en 1950. Es docente de enseñanza primaria (maestra y bibliotecaria escolar).
Escribió: La mujercita del espejo (1985); Fragmento de correspondencias (1996-2003); Cartas a la iguana (2012); la Pared al Padre, novela (2013); “Lazos de amor”, relatos (2013); “Boleros”, 2015.
Publicó: La solitudine (Bs. As., CILC, 2009); (circa), Buenos Aires, Años Luz, 2014; Partes del campo (2015), Ediciones de la Eterna, Col. El carterista de Bresson, San Miguel de Tucumán- Buenos Aires; La mujercita del espejo (editada por primera vez en formato libro), Ediciones de la Eterna, Col. El carterista de Bresson, San Miguel de Tucumán – Buenos Aires, 2015; Orillos, editado en E-Book por Barnacle Libros, Buenos Aires, 2015; Enlas vísperas del fin del verano, Colección Poetas Argentinas, Biblioteca de las Grandes Naciones, País Vasco, España, 2016. E-Book.

Los poemas aquí reunidos forman parte de la serie "Aun", incluida en El poder de unos límites, que será próximamente publicado por Mora Barnacle editora.